PREXOR, Blockchain y el Internet de las Cosas

Poco a poco se va abriendo espacio la tecnología blockchain en Chile. En el mundo, grandes empresas y algunos gobiernos ya han empezado a experimentar y adoptar esta tecnología para mejorar sus procesos internos y para mejorar los servicios que entregan al público. Casos como el de Finlandia, que ha creado un sistema de pagos e identificación para refugiados basado en blockchain, o el de la multinacional ENEL que en Chile está desarrollando, a través de un plan llamado “Energía Abierta” junto con el Ministerio de Energía, un sistema de registro de transacciones de energía eléctrica sobre la red de Ethereum, son al día de hoy de los avances más notables y emblemáticos. A esto se puede sumar el interés de otros sectores por esta disruptiva tecnología, como por ejemplo la Bolsa de Santiago, que ha anunciado planes para desarrollar junto con IBM un sistema basado en blockchain que permita acelerar el cruce de información entre entidades financieras. La lista de empresas y organizaciones que están considerando esta tecnología para sus próximos desarrollos es bastante larga y continua creciendo cada día.

Paralelamente, en otra arista del desarrollo tecnológico vemos que ya es inminente que el  Internet de las Cosas, un concepto que se viene desarrollando desde hace un tiempo, está por convertirse en una realidad de uso doméstico.  Internet hoy es omnipresente, es posible llegar a casi cualquier rincón del mundo con señal para poder leer un mensaje de texto, enviar un archivo o iniciar una videollamada. Gigantes tecnológicos como Google y fabricantes de automóviles ya han puesto en marcha la conducción en piloto automático, guiada exclusivamente por una inteligencia artificial  (algo que usamos todos los días y que damos por descontado, pues viene por defecto en nuestros teléfonos celulares) que hace uso de toda la información disponible a su alcance (GPS, Internet, sensores, etc.). Pronto entraremos en una era en que los aparatos domésticos ya no necesitarán nuestra atención ni interacción, porque serán inteligentes y autónomos. Es decir, serán capaces de detectar niveles críticos de, por ejemplo, carga eléctrica de la batería del auto o de la cantidad de cerveza que queda en el refrigerador. Una vez que detecten esos niveles críticos, emitirán alertas al supermercado más cercano para que nos lleguen más litros de cerveza o se desplazarán solos a la estación de servicio para cargar la batería o inflar los neumáticos. ¿Cómo pagarán? Pues de la forma más segura y barata posible, con alguna criptomoneda diseñada específicamente para cada uso basada en su propia blockchain y sin ningún contacto físico para llevar a cabo dicha transacción.

Hemos hablado de blockchain, internet de las cosas, inteligencia artificial. Pero, ¿cómo encaja el PREXOR en todo esto? ¿Cómo nos podemos beneficiar todos con estas nuevas tecnologías?

Antes que nada, hay que decir un par de cosas. El Prexor es una actualización de una norma legal que rige los niveles máximos de ruido que puede percibir un trabajador durante una jornada laboral (D.S. N° 594/99 del MINSAL). Esta actualización busca proteger al trabajador en el corto plazo, tomar medidas de control y manejo en el mediano plazo y además busca en el largo plazo disminuir la tasa de incidencia de enfermedad profesional debida a la hipoacusia sensorioneural laboral (HSNL), una de las tasas más altas de enfermedad profesional en Chile. Mayor incluso que las tasas de accidentes por caídas, atropellos y atrapamientos.

Para evaluar los niveles de ruido generados al interior de las instalaciones de las empresas se debe realizar un proceso manual en cada oportunidad, ya que se necesita verificar en terreno por medio de un profesional cualificado si los niveles se encuentran dentro de los límites (Dosis de ruido diaria, Nivel de Acción). En caso de superar los límites se recomiendan una serie de medidas de control y manejo orientadas a que una vez que se implementen los niveles de ruido a los que el trabajador se encuentra expuesto bajen significativamente.

Además, paralelamente se debe realizar una evaluación audiométrica a cada trabajador para monitorear su evolución y verificar que estos no estén sufriendo pérdidas auditivas acumuladas a causa de las actividades propias de su trabajo.

Esto supone una enorme cantidad de recursos públicos y privados, tanto durante las etapas previas de evaluación y control como en las instancias posteriores en que el daño ya es irreversible e irreparable y se debe proceder a indemnizar y/o jubilar anticipadamente a cada trabajador afectado.

Actualmente, quienes desempeñan la labor de evaluación son los Organismos Administradores de la Ley N° 16.744, cuya capacidad de cobertura ha ido disminuyendo con el tiempo dado que no cuentan con una infraestructura satisfactoria para cubrir la demanda por estos servicios. Cabe señalar que si bien estas instituciones (ISL y Mutualidades) están obligadas por contrato civil y por ley a entregar este servicio y además informar a los servicios de salud, el número de empresas que son objeto de la norma es demasiado grande. Además, desde el punto de vista técnico estas instituciones tienen algunas debilidades importantes a la hora de plantear soluciones acústicas para control de ruido, pues sólo entregan medidas genéricas y conceptuales que muchas veces son difíciles sino imposibles de implementar.

Ahora, volvamos al inicio. Si existiera la manera de incorporar estas nuevas tecnologías en esta área en particular, ¿de qué modo se beneficiaría el sistema de evaluación del protocolo Prexor?

Monitoreo remoto de forma continua. Una vez instalados los sistemas de monitoreo podrían verificar de forma constante y en tiempo real el cumplimiento de la norma y el buen funcionamiento del sistema (calibraciones, mantenciones, etc.).

Sistema de alertas y cursos de acción. Si los niveles de ruido monitoreados sobrepasan los límites se podrían emitir mensajes dirigidos a la administración de la empresa, a las autoridades, a los trabajadores y a los proveedores de servicios. Estos, en conocimiento de dichos eventos, podrían tomar los cursos de acción que corresponda llegando incluso a surgir la necesidad de implementar otras medidas más específicas.

Información transparente e inmutable. Los registros de los niveles de ruido de cada titular se podrían subir automáticamente a una plataforma mediante la cual las autoridades tendrían acceso para efectos de fiscalización, ya que si se trata de un sistema basado en blockchain el “libro” sólo podría registrar información sin posibilidades de modificaciones posteriores. En este libro se podría almacenar todo el historial y estadísticas de uso por RUT de cada titular, multas, medidas implementadas, etc.

Pagos automáticos. La comunicación entre los distintos dispositivos que componen el sistema de monitoreo, las mantenciones periódicas, calibraciones, mantención de la red de blockchain, etc. generarán cargos a los titulares, los cuales podrían ser descontados automáticamente sin intervención de terceros y según las condiciones establecidas previamente en un contrato inteligente.

Labor fiscalizadora. La labor fiscalizadora  se reduciría a supervisar la puesta en marcha de los sistemas y atender aquellos casos críticos en donde el sistema arroja superación de los límites. Además, puede concentrar sus recursos en fortalecer el sistema global, tal como ha hecho el Instituto de Salud Pública (ISP), desarrollando un programa de acreditación para proveedores de servicio especializado como el PEECAPRO.

La verdad es que hoy estamos a mucha distancia de lograr algo con estas características. El sólo hecho de plantear la idea ya puede resultar abrumador. Pero no está demás poner en perspectiva las posibilidades que ofrecen estos adelantos tecnológicos. Sobre todo porque es bastante probable que en países desarrollados se empiecen a mostrar signos de avance en esta dirección y que aparezcan innovaciones y desarrollos de sistemas que recojan información en terreno de las distintas componentes que ponen en riesgo la salud ocupacional de los trabajadores, de forma completamente automática, controlados remotamente, autorregulados y descentralizados, y con la información registrada y almacenada de forma inmutable.